USS Archerfish (SS-311): el submarino que hundió al gigante invisible del Imperio japonés
Entre las innumerables historias navales que surgieron durante la Segunda Guerra Mundial, pocas poseen la mezcla de audacia, tecnología, estrategia y dramatismo que caracteriza a la trayectoria del USS Archerfish (SS-311). Aunque la guerra en el Pacífico estuvo dominada en gran medida por portaaviones, acorazados y enormes operaciones anfibias, fueron los submarinos estadounidenses los que silenciosamente contribuyeron a estrangular la capacidad logística y militar japonesa. Dentro de esa fuerza submarina, el Archerfish alcanzó un lugar privilegiado en la historia gracias a una hazaña extraordinaria: el hundimiento del portaaviones japonés Shinano, el mayor buque de guerra jamás destruido por un submarino.
Sin embargo, reducir la historia del Archerfish únicamente a ese episodio sería injusto. Su carrera representa la evolución tecnológica de los submarinos estadounidenses, la transformación de la guerra naval durante el siglo XX y la capacidad de adaptación de una embarcación que sobrevivió al conflicto mundial para continuar sirviendo durante la Guerra Fría. Desde su construcción en los astilleros de Maine hasta su hundimiento como blanco de prácticas en 1968, el submarino acumuló experiencias que reflejan algunos de los momentos más importantes de la historia naval moderna.
La historia del USS Archerfish también es una historia humana. Detrás de sus motores diésel, sus baterías eléctricas y sus tubos lanzatorpedos existían oficiales, operadores de sonar, torpedistas, cocineros, mecánicos y marineros que convivían durante semanas en espacios extremadamente reducidos. En una época en la que la tecnología todavía estaba lejos de los sofisticados sistemas digitales actuales, el éxito de una patrulla dependía tanto de la calidad de la maquinaria como de la capacidad de los hombres para interpretar sonidos, estimar distancias, soportar la presión psicológica y actuar con rapidez bajo circunstancias de enorme peligro.
A lo largo de este artículo analizaremos detalladamente la construcción del Archerfish, su contexto histórico, sus patrullas de guerra, la célebre destrucción del Shinano, su servicio posterior y sus características técnicas. El objetivo es comprender por qué este submarino continúa ocupando un lugar destacado entre las embarcaciones más famosas de la historia naval estadounidense.
El contexto histórico: la guerra submarina en el Pacífico
Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque japonés contra Attack on Pearl Harbor, la Marina estadounidense comprendió rápidamente que necesitaba utilizar todos sus recursos para contrarrestar la expansión japonesa en el Pacífico. Aunque la atención pública se concentraba en los grandes enfrentamientos entre portaaviones, la fuerza submarina comenzó una campaña silenciosa destinada a destruir el comercio marítimo enemigo.
Japón dependía profundamente de las materias primas provenientes de territorios conquistados en el sudeste asiático. Petróleo, caucho, minerales y alimentos debían recorrer enormes distancias marítimas para alimentar la maquinaria bélica imperial. Los submarinos estadounidenses recibieron la misión de interceptar esas rutas y convertir el océano en una trampa mortal para los convoyes japoneses.
Durante los primeros años de la guerra, la campaña submarina enfrentó importantes dificultades. Los torpedos estadounidenses presentaban defectos de diseño que provocaban explosiones prematuras o fallos de detonación. Muchos comandantes regresaban frustrados después de ataques aparentemente perfectos que no producían daños en los objetivos. Con el tiempo, los problemas técnicos fueron identificados y corregidos, permitiendo que la fuerza submarina desplegara todo su potencial.
A partir de 1943 la situación comenzó a cambiar radicalmente. Los submarinos estadounidenses incorporaron mejores radares, sistemas de detección más eficientes y tácticas cada vez más agresivas. Fue precisamente en ese contexto cuando apareció una nueva generación de submarinos capaces de operar a mayores profundidades y resistir condiciones más exigentes. Entre ellos destacaba la clase Balao, a la que pertenecía el Archerfish.
Los submarinos de esta clase representaban una evolución de los exitosos modelos Gato. Su casco resistente permitía alcanzar profundidades de prueba cercanas a los 400 pies, aumentando considerablemente sus posibilidades de supervivencia frente a los ataques antisubmarinos. Además, poseían una combinación equilibrada de velocidad, autonomía y potencia de fuego que los convertía en herramientas extremadamente eficaces para las operaciones de largo alcance en el Pacífico.
La construcción del USS Archerfish
El Archerfish fue construido en el histórico astillero naval de Portsmouth, situado en Kittery, Maine. Su quilla fue colocada el 22 de enero de 1943, en un momento en que la producción militar estadounidense funcionaba a un ritmo sin precedentes. Los astilleros trabajaban día y noche para suministrar barcos, destructores, portaaviones y submarinos destinados a múltiples frentes de combate.
La construcción avanzó con notable rapidez. Apenas unos meses después, el 28 de mayo de 1943, el submarino fue botado. La ceremonia contó con la presencia de Malvina Thompson, secretaria personal de Eleanor Roosevelt, quien actuó como madrina del buque. Finalmente, el 4 de septiembre de 1943, el submarino fue oficialmente incorporado al servicio activo de la Marina de los Estados Unidos.
Su nombre provenía del pez arquero, una especie tropical conocida por su singular capacidad para derribar insectos mediante chorros de agua disparados con gran precisión. La elección resultaba particularmente apropiada para un submarino diseñado para atacar objetivos a distancia mediante torpedos cuidadosamente dirigidos.
Como ocurría con todos los submarinos recién construidos, el Archerfish pasó por un extenso período de pruebas y entrenamiento. La tripulación debía familiarizarse con cada sistema de la embarcación, desde los motores diésel hasta los mecanismos de inmersión, los equipos de sonar y los procedimientos de emergencia. Estas fases iniciales resultaban fundamentales porque cualquier error durante una patrulla de combate podía significar la pérdida de toda la tripulación.
Una vez completadas las pruebas en la costa este estadounidense, el submarino atravesó el Canal de Panamá y se dirigió hacia el Pacífico. Allí comenzaría una carrera operacional que terminaría convirtiéndolo en una leyenda.
La clase Balao: una de las mejores familias de submarinos de la guerra
Para comprender plenamente la importancia del Archerfish es necesario analizar las características de la clase Balao. Estos submarinos representaban la culminación de años de experiencia acumulada por la Marina estadounidense en materia de diseño submarino.
La principal mejora respecto a clases anteriores consistía en un casco resistente fabricado con acero de mayor calidad. Esta modificación incrementaba significativamente la profundidad operativa segura del submarino. En términos prácticos, significaba que podía escapar con mayor facilidad de los destructores enemigos y resistir ataques con cargas de profundidad más intensos.
La propulsión seguía el clásico sistema diésel-eléctrico. Cuando navegaba en superficie, el submarino utilizaba motores diésel que impulsaban generadores eléctricos. Estos generadores alimentaban motores eléctricos y recargaban las baterías. Cuando el submarino se sumergía, dependía exclusivamente de la energía almacenada en dichas baterías.
Este esquema tenía ventajas y limitaciones. Permitía operaciones silenciosas bajo el agua, pero imponía restricciones de autonomía sumergida. Los comandantes debían gestionar cuidadosamente el consumo energético para evitar quedar sin capacidad de maniobra durante una persecución.
El armamento principal consistía en diez tubos lanzatorpedos, seis situados en la proa y cuatro en la popa. La embarcación podía transportar veinticuatro torpedos, ofreciendo una potencia ofensiva considerable para su tamaño. Además, incorporaba armamento de cubierta destinado a atacar embarcaciones menores o completar la destrucción de objetivos dañados.
La combinación de velocidad, autonomía, armamento y profundidad operativa convirtió a la clase Balao en una de las familias de submarinos más exitosas de toda la guerra.
Las primeras patrullas de combate
El Archerfish llegó a Pearl Harbor a finales de noviembre de 1943 para integrarse plenamente en la campaña submarina estadounidense. Poco después inició su primera patrulla de guerra, dirigida hacia las aguas cercanas a Formosa, actualmente Taiwán.
Aquellas primeras misiones estuvieron marcadas por las dificultades habituales de la guerra submarina. Los océanos eran inmensos, los convoyes enemigos podían cambiar sus rutas y las condiciones meteorológicas a menudo complicaban la detección de objetivos. Aunque el submarino realizó ataques contra barcos japoneses, los resultados fueron relativamente modestos.
Su segunda patrulla tampoco produjo éxitos espectaculares. Durante semanas la tripulación recorrió amplias áreas del Pacífico occidental sin encontrar objetivos de gran valor. Esta situación era cada vez más común en 1944, cuando la marina mercante japonesa comenzaba a sufrir las consecuencias de años de ataques submarinos.
La tercera patrulla asignó al Archerfish una función diferente: servir como submarino de rescate para aviadores estadounidenses derribados durante operaciones aéreas contra posiciones japonesas. Esta misión, conocida como “lifeguard duty”, adquirió enorme importancia durante la guerra. Los submarinos permanecían cerca de las áreas bombardeadas para recoger pilotos que hubieran caído al mar.
Aunque menos espectacular que el hundimiento de buques enemigos, esta tarea salvó numerosas vidas y fortaleció la moral de las fuerzas aéreas estadounidenses.
Durante su cuarta patrulla, el Archerfish continuó operando frente a las costas japonesas. Sin embargo, el tráfico marítimo enemigo era cada vez más escaso. La campaña submarina había sido tan efectiva que muchos convoyes simplemente habían dejado de existir.
Paradójicamente, esta aparente falta de oportunidades preparó el escenario para uno de los encuentros más extraordinarios de la historia naval.
Joseph F. Enright y el liderazgo decisivo
La fama del Archerfish está inseparablemente ligada a la figura de Joseph F. Enright. Su carrera constituye un ejemplo fascinante de perseverancia profesional.
Antes de asumir el mando del Archerfish, Enright había experimentado momentos difíciles. Durante una misión previa al mando de otro submarino, fue criticado por no aprovechar adecuadamente una oportunidad de ataque. Aquella experiencia afectó su reputación y lo llevó temporalmente a desempeñar funciones alejadas del combate.
Muchos oficiales habrían visto aquella situación como el final de sus aspiraciones operativas. Sin embargo, Enright continuó perfeccionando sus conocimientos tácticos y finalmente recibió el mando del Archerfish.
La oportunidad de reivindicarse llegó en noviembre de 1944. Lo que ocurrió durante esa patrulla demostraría no solo su capacidad técnica, sino también su extraordinaria habilidad para tomar decisiones bajo presión.
La misión cerca de la bahía de Tokio
En noviembre de 1944, el Archerfish operaba cerca de la bahía de Tokio. Inicialmente había sido asignado a tareas de rescate de aviadores estadounidenses. Sin embargo, la cancelación de determinados ataques aéreos permitió al submarino concentrarse nuevamente en la búsqueda de objetivos navales.
La zona era extremadamente peligrosa. Se encontraba cerca del corazón del Imperio japonés y estaba protegida por patrullas, aviones y buques de escolta. Cualquier submarino detectado corría un riesgo considerable de ser destruido.
Durante la noche del 28 de noviembre de 1944, los vigías del Archerfish detectaron un contacto inesperado. En la oscuridad apareció una gran silueta acompañada por destructores de escolta. Inicialmente resultó difícil identificar el tipo exacto de embarcación.
La magnitud del objetivo llamó inmediatamente la atención de Enright. Se trataba de un barco excepcionalmente grande, mucho mayor que los cargueros o petroleros encontrados habitualmente.
El comandante comprendió que estaba ante una oportunidad única.
El encuentro con el Shinano
El objetivo detectado era en realidad el Japanese aircraft carrier Shinano, aunque nadie a bordo del Archerfish podía saberlo en ese momento. El Shinano constituía uno de los secretos militares mejor guardados de Japón. Originalmente había sido concebido como el tercer acorazado de la clase Yamato, pero posteriormente fue transformado en portaaviones.
Con un desplazamiento gigantesco, el Shinano representaba uno de los mayores buques de guerra jamás construidos. Su mera existencia era prácticamente desconocida para la inteligencia estadounidense.
La situación táctica favorecía parcialmente al submarino. Aunque el portaaviones estaba protegido por destructores, ciertas maniobras realizadas por la formación japonesa crearon oportunidades que Enright supo aprovechar con notable habilidad.
En lugar de precipitarse hacia un ataque inmediato, el comandante decidió seguir al objetivo durante varias horas. Esta paciencia resultó fundamental. Un lanzamiento apresurado habría reducido considerablemente las probabilidades de éxito.
Durante aproximadamente seis horas, el Archerfish mantuvo el contacto mientras calculaba velocidad, rumbo y posibles trayectorias futuras del enemigo.
La operación exigía máxima precisión. Una vez disparados los torpedos, no existiría una segunda oportunidad.
El ataque que cambió la historia naval
Finalmente llegó el momento decisivo. Enright ordenó preparar una salva de seis torpedos. Tomó además una decisión táctica particularmente inteligente: configuró los torpedos para que navegaran a poca profundidad. Esta elección aumentaba las probabilidades de impactar zonas vulnerables del casco enemigo.
Cuando el portaaviones entró en la posición prevista, el Archerfish lanzó sus armas.
Los segundos posteriores estuvieron cargados de tensión. Toda la tripulación aguardaba las detonaciones que confirmarían el éxito o fracaso de la operación.
Pronto comenzaron a escucharse explosiones.
Cuatro de los seis torpedos alcanzaron el objetivo.
Mientras el submarino iniciaba maniobras evasivas para escapar de los destructores escoltas, los observadores pudieron apreciar que el gigantesco buque comenzaba a escorarse peligrosamente. Posteriormente, los hidrófonos registraron durante largo tiempo ruidos procedentes del casco dañado, indicios de que el barco sufría daños catastróficos.
El ataque había sido un éxito espectacular.
Sin embargo, ni siquiera entonces la tripulación comprendía la verdadera magnitud de su logro.
El hundimiento del mayor buque destruido por un submarino
Tras recibir los impactos, el Shinano inició una lucha desesperada por sobrevivir. Aunque era inmenso y poseía una estructura derivada de los acorazados Yamato, presentaba vulnerabilidades importantes.
El portaaviones se encontraba realizando un traslado y todavía no estaba completamente preparado para el combate. Algunos sistemas no habían sido terminados y gran parte de la tripulación carecía de experiencia suficiente para afrontar una emergencia de semejante magnitud.
La inundación progresó de manera incontrolable.
Horas después de los impactos, el enorme portaaviones finalmente se hundió. Más de mil personas perdieron la vida durante el desastre.
Para los estadounidenses, la identificación del objetivo no fue inmediata. Inicialmente existían dudas acerca del tipo exacto de barco destruido. La inteligencia naval no disponía de información sobre la presencia de un portaaviones tan grande en aquella zona. Sólo después de la guerra se confirmó que el objetivo había sido el Shinano.
La revelación causó enorme impacto.
El Archerfish había hundido el mayor buque de guerra jamás destruido por un submarino, un récord que continúa vigente hasta la actualidad.
Consecuencias estratégicas del hundimiento
Aunque el hundimiento del Shinano suele analizarse como una espectacular victoria táctica, también tuvo importantes implicaciones estratégicas.
Para finales de 1944, Japón ya enfrentaba una situación militar extremadamente difícil. La pérdida de un portaaviones gigante no cambió por sí sola el resultado de la guerra, pero agravó considerablemente los problemas de la Armada Imperial.
El Shinano representaba una inversión gigantesca de recursos industriales, materiales y humanos. Su destrucción significó la pérdida de años de trabajo en un momento en que Japón tenía enormes dificultades para reemplazar barcos, aviones y tripulaciones.
Además, el episodio demostró nuevamente la vulnerabilidad de incluso los mayores buques de guerra frente a submarinos bien dirigidos.
La lección fue observada atentamente por todas las marinas del mundo. A partir de entonces, el papel estratégico de los submarinos sería considerado con aún mayor seriedad.
Reconocimientos y condecoraciones
El éxito de la misión fue reconocido oficialmente por la Marina estadounidense. El Archerfish recibió la prestigiosa Presidential Unit Citation, una de las más altas distinciones colectivas otorgadas a unidades militares estadounidenses.
Asimismo, Joseph F. Enright fue galardonado con la Navy Cross por su liderazgo durante la operación. Su carrera experimentó una transformación radical. Lo que anteriormente había sido considerado un oficial cuestionado pasó a convertirse en uno de los comandantes submarinos más admirados de la guerra.
La historia del ataque comenzó a circular entre las tripulaciones submarinas como ejemplo de paciencia táctica, cálculo preciso y aprovechamiento de oportunidades.
Con el paso de los años, el episodio se consolidó como uno de los ataques submarinos más célebres del conflicto.
Las patrullas posteriores
Después de regresar a puerto y completar tareas de mantenimiento, el Archerfish continuó realizando operaciones en el Pacífico. La guerra todavía no había terminado y seguían existiendo objetivos potenciales en diversas áreas marítimas.
Durante sus patrullas posteriores participó en operaciones de vigilancia, rescate y ataque. También integró grupos coordinados de submarinos destinados a maximizar la cobertura de determinadas regiones estratégicas.
Sin embargo, la situación militar japonesa se deterioraba rápidamente. El tráfico marítimo era cada vez menor y la capacidad de resistencia del Imperio se reducía mes a mes.
A mediados de 1945, muchos submarinos estadounidenses dedicaban buena parte de sus esfuerzos al rescate de aviadores derribados y a la vigilancia de costas enemigas. El Archerfish participó activamente en estas tareas, prestando apoyo a las campañas aéreas contra las islas principales de Japón.
Cuando finalmente terminó la guerra en agosto de 1945, el submarino ya había asegurado su lugar en la historia.
El final de la Segunda Guerra Mundial y la desmovilización
Con la rendición japonesa, Estados Unidos inició un amplio proceso de reducción de sus fuerzas armadas. Miles de barcos, aviones y vehículos dejaron de ser necesarios en tiempos de paz.
El Archerfish fue desactivado en 1946 y pasó a formar parte de la reserva naval.
Esta situación era habitual para muchas unidades construidas durante la guerra. Mantener una enorme flota activa resultaba innecesario y costoso.
No obstante, la historia del submarino aún no había terminado.
La creciente tensión internacional entre Estados Unidos y la Unión Soviética pronto generaría nuevas necesidades estratégicas.
El regreso al servicio durante la Guerra Fría
La Guerra Fría transformó profundamente el panorama militar mundial. El surgimiento de nuevas amenazas llevó a la Marina estadounidense a reconsiderar el estado de numerosos buques almacenados en reserva.
En 1952, el Archerfish fue reactivado. Tras trabajos de acondicionamiento y entrenamiento, volvió al servicio operativo.
Durante esta nueva etapa participó principalmente en ejercicios, entrenamiento y operaciones relacionadas con la preparación estratégica estadounidense. Aunque ya no enfrentaba las condiciones extremas de la Segunda Guerra Mundial, seguía siendo una plataforma útil para diversas misiones.
Su carrera posterior incluyó actividades tanto en el Atlántico como en el Caribe. Visitó múltiples puertos y colaboró en ejercicios destinados a perfeccionar tácticas antisubmarinas y procedimientos operativos.
En 1955 volvió a ser retirado del servicio activo, aunque nuevamente sólo de forma temporal.
Conversión y funciones experimentales
La evolución tecnológica de la posguerra impulsó el desarrollo de nuevas aplicaciones para submarinos veteranos.
El Archerfish fue reincorporado una vez más en 1957. Durante esta fase recibió la clasificación AGSS, utilizada para submarinos auxiliares y de investigación.
Su función principal dejó de ser el combate directo. En cambio, comenzó a participar en proyectos experimentales, pruebas de equipos y actividades de investigación naval.
Esta transformación refleja una tendencia común en muchas marinas. Los buques más antiguos, aunque superados por diseños recientes, conservaban suficiente utilidad para desempeñar papeles secundarios o especializados.
Durante varios años, el Archerfish sirvió como plataforma de experimentación tecnológica. Las experiencias obtenidas ayudaron a perfeccionar sistemas que posteriormente serían utilizados por submarinos más modernos.
De este modo, incluso lejos de los combates que lo hicieron famoso, continuó contribuyendo al desarrollo naval estadounidense.
La vida a bordo del Archerfish
Más allá de los aspectos técnicos y estratégicos, resulta importante comprender cómo era la vida cotidiana dentro del submarino.
Las condiciones eran extremadamente exigentes. El espacio disponible era mínimo y cada rincón debía aprovecharse eficientemente. Los marineros dormían en literas estrechas, compartían áreas comunes reducidas y convivían durante semanas sin posibilidad de salir al exterior.
La ventilación limitada, el ruido constante de la maquinaria y la ausencia de privacidad formaban parte de la rutina diaria.
La alimentación constituía un aspecto crucial para mantener la moral. Antes de cada patrulla se almacenaban grandes cantidades de víveres en cualquier espacio disponible. Durante los primeros días la dieta podía ser relativamente variada, pero a medida que avanzaba la misión las opciones disminuían considerablemente.
La tensión psicológica también era significativa. Los tripulantes sabían que una sola explosión, una vía de agua o una detección enemiga podían significar la pérdida del submarino.
A pesar de estas dificultades, las tripulaciones submarinas desarrollaban fuertes vínculos de camaradería. La supervivencia dependía de la confianza mutua y del cumplimiento preciso de las responsabilidades individuales.
En el caso del Archerfish, esa cohesión quedó demostrada durante la operación contra el Shinano, cuando cada miembro de la tripulación desempeñó su función con precisión ejemplar.
El legado histórico del Archerfish
Con el paso de las décadas, el Archerfish se convirtió en una de las embarcaciones más estudiadas de la historia submarina estadounidense.
Su fama se debe principalmente al hundimiento del Shinano, pero su legado va mucho más allá de un único combate. Representa la eficacia de la campaña submarina estadounidense, la evolución tecnológica de la guerra naval y la capacidad de adaptación de los submarinos de la clase Balao.
Historiadores militares suelen citar el episodio como ejemplo de cómo una unidad relativamente pequeña puede destruir objetivos enormemente superiores en tamaño y coste. El contraste entre un submarino de poco más de 1.500 toneladas y un portaaviones de más de 70.000 toneladas continúa resultando impresionante.
Además, la historia del Archerfish demuestra que el éxito militar depende frecuentemente de factores humanos tanto como tecnológicos. La paciencia de Enright, la disciplina de la tripulación y la correcta ejecución táctica fueron tan importantes como la calidad de los torpedos o del sonar.
El final del submarino
Después de años de servicio en funciones experimentales y de investigación, el Archerfish comenzó a mostrar los límites propios de una plataforma diseñada durante la Segunda Guerra Mundial.
La aparición de submarinos nucleares revolucionó completamente el panorama naval. Las nuevas embarcaciones podían permanecer sumergidas durante períodos mucho más largos y poseían capacidades operativas imposibles para los modelos diésel-eléctricos clásicos.
En consecuencia, el Archerfish fue considerado obsoleto para las necesidades futuras de la Marina estadounidense.
En 1968 fue retirado definitivamente del servicio y eliminado del registro naval. Poco después fue utilizado como blanco para ejercicios militares y hundido frente a las costas de California.
Así concluyó la existencia física de uno de los submarinos más célebres del siglo XX.
Sin embargo, su legado sobrevivió ampliamente a su desaparición.
Conclusión
El USS Archerfish (SS-311) ocupa un lugar singular en la historia naval mundial. Construido durante el período más intenso de la producción militar estadounidense, participó activamente en la campaña submarina del Pacífico, sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, regresó al servicio durante la Guerra Fría y contribuyó posteriormente a programas de investigación naval.
Su nombre permanece asociado de manera inseparable al hundimiento del Japanese aircraft carrier Shinano, una de las acciones submarinas más extraordinarias jamás registradas. La destrucción del mayor buque de guerra hundido por un submarino sigue siendo un récord histórico y un ejemplo clásico de cómo la inteligencia táctica, la paciencia y la precisión pueden superar diferencias aparentemente insalvables de tamaño y poder.
Más de medio siglo después de su desaparición, el Archerfish continúa siendo objeto de estudios, libros y documentales. Su historia resume la evolución de la guerra submarina durante el siglo XX y recuerda que, en ocasiones, una sola decisión tomada en la oscuridad del océano puede alterar para siempre el curso de la historia naval.
Tabla de parámetros técnicos del USS Archerfish (SS-311)
| Parámetro | Valor |
|---|---|
| Nombre | USS Archerfish (SS-311) |
| Clase | Balao |
| Tipo | Submarino diésel-eléctrico |
| Astillero constructor | Portsmouth Naval Shipyard, Maine |
| Colocación de quilla | 22 de enero de 1943 |
| Botadura | 28 de mayo de 1943 |
| Entrada en servicio | 4 de septiembre de 1943 |
| Desplazamiento en superficie | 1.526 toneladas |
| Desplazamiento en inmersión | 2.391 toneladas |
| Eslora | 311 pies 9 pulgadas (aprox. 95 m) |
| Manga | 27 pies 3 pulgadas (aprox. 8,3 m) |
| Calado máximo | 16 pies 10 pulgadas (aprox. 5,1 m) |
| Profundidad de prueba | 400 pies (aprox. 122 m) |
| Propulsión | 4 motores diésel Fairbanks-Morse y motores eléctricos |
| Potencia en superficie | 5.400 hp |
| Potencia en inmersión | 2.740 hp |
| Hélices | 2 |
| Velocidad en superficie | 20,25 nudos |
| Velocidad en inmersión | 8,75 nudos |
| Alcance | 11.000 millas náuticas a 10 nudos |
| Autonomía de patrulla | Hasta 75 días |
| Tripulación | 10 oficiales y 70–71 marineros |
| Tubos lanzatorpedos | 10 (6 a proa y 4 a popa) |
| Torpedos transportados | 24 |
| Armamento de cubierta | Cañón naval y armamento antiaéreo variable |
| Distinción principal | Hundimiento del portaaviones Shinano |
| Condecoración destacada | Presidential Unit Citation |
| Baja definitiva | 1 de mayo de 1968 |
| Destino final | Hundido como blanco de prácticas en octubre de 1968 |